Fede Valverde y Camavinga, el relevo ya está aquí

Fede Valverde y Camavinga, el relevo ya está aquí

Algo insólito ocurrió el miércoles por la noche en el Bernabéu. Y no fue sólo el pase del Madrid a la final de la Copa de Europa, volteando de nuevo una trampa mortal en apenas minuto y medio para convertir una derrota segura en un nuevo estallido de locura en el lateral de La Castellana. El Madrid remontó al City sin su centro del campo de las tres Champions consecutivas, es decir, sin Casemiro, Kroos y Modric, tres medios que se han adueñado de la zona ancha del equipo desde 2015 y para los que, en 2022 parece haber llegado el relevo.

La nueva ola la representaron Fede Valverde y Eduardo Camavinga, dos futbolistas de 23 y 19 años que impulsaron al Madrid en el peor momento, cuando el City no sólo contenía las acometidas del Madrid, sino que incluso ponía un gol más de distancia con respecto a los blancos. El City tocaba la final de París con la yema de los dedos, pero el billete le fue arrebatado de forma violenta de entre las manos por el Madrid, movido por las piernas y los pulmones de Fede y Edu, dos futbolistas que, además de despliegue, demostraron tener buen pie pese a lo complicado del trance y, sobre todo, el temple necesario para liderar a su equipo en una situación de máxima exigencia y presión.

Son dos casos diferentes, porque Fede fue titular, una consideración de la que nada parece poder apartarle en estos momentos. El despliegue del internacional celeste volvió a ser espectacular, casi sobrehumano. Esprintó para presionar en el minuto uno y repetía los esfuerzos cuando el reloj rebasaba los 120. Su intensidad resultó contagiosa para los compañeros, que viendo al uruguayo no podían permitirse el lujo de escatimar esfuerzos. A todo esto une un poso cada vez mayor con el balón en los pies. lo que permite entrever un futuro a largo plazo más cercano a la organización que al arrebato. Pero, a estas alturas de su carrera, su fortaleza y frescura física es un plus del que el Madrid no se puede permitir el lujo de prescindir.

Lo de Camavinga es otra historia. Activado en el minuto 75, nada menos que para tomar el relevo conjunto de Casemiro y Modric, el francés se hizo cargo en solitario de las labores de organización e intendencia, demostrando una vez más la finura de su zurda, que recuerda en muchos lances a la de Fernando Redondo. Además, sus 19 primaveras le permiten descoser líneas de presión con una enorme suficiencia, como ocurrió en la jugada del 3-1. Recibió un buen balón de Courtois a setenta metros de la puerta rival, avanzó incontenible cuarenta metros, temporizó para esperar la entrada por derecha de Rodrygo y le sirvió el balón que precedió al penalti a Benzema y al 3-1. Con el Madrid ya por delante, distribuyó y robó con criterio, demostrando una madurez impropia de un adolescente.

A esas alturas del partido, la otra pata de la medular madridista era Dani Ceballos, un futbolista que está viviendo una temporada llena de contrastes. Fue baja durante varios meses en la primera parte de la temporada por una lesión sufrida en los Juegos de Tokio, cuando se recuperó no entró en una rotación que apenas tenía peso en los planes de Ancelotti, pero en los últimos partidos se ha confirmado como una de las primeras opciones de técnico para oxigenar la medular. Su capacidad para mantener el balón fue otro de los factores que contribuyó al triunfo final de los blancos, en una situación casi agónica para el equipo.

Casemiro, Kroos y Modric lo vieron todo desde el banquillo, en el que los tres ocuparon plaza a partir del minuto 75. Dos antes había marcado Mahrez el 0-1, que parecía condenar al Madrid a caer de nuevo en la orilla de semifinales. Las piernas y el fútbol de Valverde y Camavinga lo llevó hasta la playa, desde la que se vislumbra una nueva final de Champions.

Source: marca

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